En un contexto internacional marcado por tensiones políticas y económicas, el gobierno cubano ha reforzado su discurso en torno a la defensa nacional y la soberanía. El presidente Miguel Díaz-Canel ha planteado la necesidad de que el país se prepare ante un posible escenario de confrontación con Estados Unidos, subrayando que esta postura no responde a una intención ofensiva, sino a una estrategia preventiva frente a lo que considera amenazas constantes provenientes de Washington. Estas declaraciones se enmarcan en un deterioro de las relaciones bilaterales, caracterizado por sanciones, presiones diplomáticas y un discurso cada vez más confrontativo.
El enfoque defensivo promovido por el gobierno cubano se basa en el concepto de la “guerra de todo el pueblo”, una doctrina que implica la participación activa de la población civil junto con las fuerzas armadas en caso de una agresión externa. Este modelo busca garantizar una respuesta amplia y sostenida, combinando métodos tradicionales con estrategias irregulares. Según el mandatario, el objetivo principal es evitar sorpresas estratégicas y asegurar que cualquier intento de intervención enfrente una resistencia significativa. De hecho, ha reiterado que, aunque Cuba no desea un conflicto armado, está dispuesta a defenderse si la situación lo exige .
La tensión se ha visto alimentada por medidas adoptadas por la administración de Donald Trump, incluyendo el endurecimiento del embargo económico y la inclusión de Cuba en listas relacionadas con el terrorismo. Desde la perspectiva cubana, estas acciones constituyen una forma de presión económica que afecta directamente a la población, limitando el acceso a recursos y agravando la ya compleja situación interna. El gobierno de la isla interpreta estas políticas como parte de una estrategia más amplia destinada a debilitar el sistema político cubano .
A pesar del tono firme en materia de defensa, el liderazgo cubano ha insistido en mantener abierta la posibilidad de un diálogo diplomático. Sin embargo, este acercamiento está condicionado al respeto de la soberanía nacional y a la no injerencia en los asuntos internos del país. En este sentido, Cuba sostiene que cualquier negociación debe darse en condiciones de igualdad, sin imposiciones externas ni condicionamientos políticos.
Finalmente, el discurso oficial advierte que una eventual intervención militar tendría consecuencias no solo para Cuba, sino también para Estados Unidos en el ámbito internacional. Según esta visión, una acción de ese tipo podría generar rechazo global y fortalecer la imagen de la isla como símbolo de resistencia. Así, el escenario actual refleja una combinación de preparación defensiva y apertura limitada al diálogo, en medio de una relación bilateral marcada por la desconfianza y la confrontación.